Aunque su obra no es demasiado extensa, los poemas que dejó Jaime Gil de Biedma han sido destacados entre los más célebres de la Generación de los 50. Es, además, uno de los autores más influyentes del siglo XX
GUACIMARA CASTRILLO
¿Porqué escribí?” Se preguntaba a sí mismo el propio Gil de Biedma en una de sus últimas obras poéticas, Las personas del verbo, 1982. “Creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema”, se respondía a continuación.
En general, la poesía de este autor se caracteriza por las descripciones vívidas y a veces chocantes de su vida personal. A través de sus escritos, Gil de Biedma acostumbraba a descubrir su vida contando a través de ellos aspectos de su intimidad, detallando los lugares que frecuentaba, descubriendo algunos de sus sentimientos o comentando las reuniones con sus amigos, el grupo de la famosa Escuela de Barcelona de los años 50 y 60.
Algunos ejemplos los encontramos en Retrato del artista en 1956, en la que el autor quiso dejar clara su condición de homosexual o en Contra Jaime Gil de Biedma, donde declaraba a través de los versos su ya conocida adicción al alcohol: “Te acompañan las barras de los bares,/ las calles muertas de la madrugada/ y los ascensores de luz amarilla/ cuando llegas, borracho,/ y te paras a verte en el espejo/ la cara destruida.../”.
Se reconocía como un escritor lento y decía que su poesía nacía de la experiencia, pero “de la experiencia de un amante constantemente derrotado, la de un noctámbulo empedernido”, aseguró él mismo en alguna ocasión.
Así, el resultado de su estilo es una obra poética con continuidad que pinta la realidad de su vida personal, convirtiéndose a su vez en un clamor contra las injusticias, todo contado a través de versos con un tono informal.
En conjunto, queriéndolo o sin querer, con experiencia o sin ella, Jaime Gil de Biedma pasará a la historia como uno de los poetas más celébres del siglo XX. Y su obra poética, sin ser muy extensa, ha sido ya calificada como una de las más interesantes de su generación, la de los poetas sociales de los años 50.
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DATOS BIOGRÁFICOS. Jaime Gil de Biedma nació en Barcelona en 1929, en el seno de una familia de la alta burguesía. Estudió Derecho en las universidades de Barcelona y Salamanca. En esta última se licenció. En 1953 se fue a estudiar a Oxford y allí comenzaron sus primeros contactos con la poesía anglosajona del momento que influiría en su obra, aunque también le influyeron autores españoles como Luis Cernuda o César Vallejo. Gil de Biedma moría en su Barcelona natal a los 60 años, como consecuencia del sida.
SU OBRA. Aunque no fue muy extensa, su obra se destaca como una de las más interesantes de su generación, la de los poetas de los 50, y entre las más influyentes del último medio siglo en España. Cabe destacar su primer libro, Según sentencia del tiempo, que apareció en 1953. Después publicó, entre otros, Compañeros de viaje (1959), Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968). Además, escribió algunos ensayos literarios y, después de su muerte, se editó un diario suyo, Retrato del artista en 1956 (1991).
RETRATO. El periodista y escritor Miguel Dalmau ha publicado recientemente una biografía del poeta Gil de Biedma. Un trabajo al que ha dedicado varios años para estudiar la que ha calificado de, “compleja, fascinante y poderosa personalidad de un poeta exquisito y amante secreto”. Para ello, Dalmau ha recogido testimonios del círculo de personas cercanas al poeta y ha trabajado con escritos inéditos que dejó el artista.
Sus versos van de la ilusoria juventud al desencanto de la madurez
En su afán por acercar su vida al lector, en la obra de Jaime Gil de Biedma no podía faltar una presentación biográfica. Así lo incluyó en Colección particular (1969): “Nací en Barcelona en 1929 y aquí he residido casi siempre. Pasé los tres años de la Guerra Civil en Nava de la Asunción, un pueblo de Segovia en donde mi familia posee una casa a la que siempre acabo por volver (...). Mi empleo me ha llevado a vivir largas temporadas en Manila, ciudad que adoro y que me resulta bastante menos exótica que Sevilla (...)”. Es sólo un adelanto del destallado apunte personal que hace en esta obra.
En su trayectoria poética se distinguen claramente varias etapas que se corresponden con las de la propia vivencia de su madurez. Hasta los 30 años, Gil de Biedma escribía poemas que se correspondían con las características modernistas. Las obras de estos años, en plena posguerra, constituyen la primera época de su escritura, en la cual se refleja un tiempo lleno de esperanzas respecto a la posibilidad de cambios en la realidad social y personal.
A los 35, el poeta vive una crisis de juventud, un cambio radical de perspectiva que transformó su poesía. Llegan por entonces, No volveré a ser joven o Artes de ser maduro, obras en las que el artista reflexiona sobre el paso de la edad en versos como éste que dedica a la juventud: “Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde/ como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante”.
A éstos le siguieron Poemas póstumos (1968), claro ejemplo del desencanto que sentía el autor. A partir de aquí empieza a mostrar desinterés por las cuestiones sociales y políticas. En Contra Jaime Gil de Biedma y, más tarde, Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma, el autor aniquila a ese personaje poético e ilusionado del pasado.También hubo momento para ejercer de maestro, en sus conocidos diarios escritos para ayudar a practicar la escritura en prosa. Diario del artista seriamente enfermo (1974), en el que descubría su enfermedad. Gil de Biedma fue una de las primeras víctimas del sida en nuestro país.
Generación de los 50
La llamada Generación de los 50 agrupa a un elenco de poetas, entre los que destacan Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, que significaron un cambio relevante en la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Un grupo que destacó porque en sus versos supieron recoger parte de la rica tradición que habían dejado algunos de los mejores poetas de la Generación del 27, entre ellos, Antonio Machado y destacados poetas extranjeros como Neruda.
Se caracterizan porque, en general, se expresan en sus versos con un tono coloquial, un lenguaje sencillo y un claro intento por resultar accesibles. También es común a la mayoría de estos autores el desencanto de la realidad, la mayoría de ellos han vivido la Guerra Civil de niños y, sobre todo en sus primeros años, muchos de los poemas llevan una protesta política, a la vez que un reflejo de la esperanza respecto a la posibilidad de cambios que se empieza a vivir.
Les une también el gusto por las descripciones de los ambientes que frecuentan, el paisaje, los cafés en los que se reúnen, sus salidas nocturnas y devaneos etílicos... Al margen de estas líneas comunes, entre los poetas de los 50, se distinguen dos grupos: los comprometidos con el pueblo, que hacían una poesía al servicio del pueblo y del cambio social; y los llamados poetas puros, más individualistas, que hacían una poesía centrada exclusivamente en la persona, en el ‘yo’. Entre estos últimos, Jaime Gil de Biedma.
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